Génesis de una candidatura

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Fórmula presidencial de Acción Popular en 1995: Juan Incháustegui Vargas, Raúl Diez Canseco Terry y Edmundo del Aguila Morote

“La candidatura de Fernando Belaunde es para ganar, la de Raúl Diez Canseco para aprender”, había comentado Sandro Mariátegui al diario El Comercio, con su tradicional lenguaje cortante y seco, a propósito de versiones que, desde el interior de Acción Popular, aparecían respecto de mi candidatura.

A esas alturas, aspiraba a ser cabeza de lista parlamentaria de Acción Popular y, en esa dirección, trabajaba en el interior del partido para ganar las elecciones internas. Tenía proyectado superar la votación preferencial que alcancé en 1990, cuando salí elegido diputado por Lima.

Por aquellos días, y estando próximas las elecciones presidenciales de 1995, acompañé al jefe y fundador de Acción Popular, Fernando Belaunde, a un viaje por el valle del Mantaro. La aceptación y el cariño con que fue recibido nos llevó a pensar que Belaunde sería el candidato ideal, la alternativa viable para un resultado electoral exitoso.

Sin embargo, el arquitecto negaba reiteradamente esa posibilidad. “La edad no me lo permite”, fue su argumento principal ante tanto requerimiento de los acciopopulistas. “Quiero que me recuerden no como alguien que se aferró al poder, sino como un viejo que luchó hasta la muerte por la democracia”, había dicho.

Así las cosas, la idea de Belaunde candidato se fue desvaneciendo gradualmente, a medida que se acercaba la fecha límite para la inscripción de aspirantes presidenciales. Fue entonces que en dialogo privado hablamos sobre la posibilidad de mi candidatura, la que tiempo atrás había rechazado.

“Si usted y el partido lo consideran necesario, estoy dispuesto a asumir esa responsabilidad. Me atengo a las consecuencias”, le manifesté.

El Comité Ejecutivo Nacional (CEN) aprobó la propuesta por unanimidad. Sin embargo, faltaba la decisión del Comité Político y sobre todo la del Congreso Nacional, que fue convocado para mediados de setiembre.

Desde entonces, mis recorridos por el país los haría como candidato presidencial. Así fue como mis giras, programadas anticipadamente en mi calidad de secretario general, se convertirían en viajes proselitistas y de búsqueda de la confianza del pueblo para acceder a la presidencia.

Finalmente, el sábado 17 de setiembre de 1995 fue el día especial: el Plenario Nacional formalizó mi candidatura, con los ingenieros Juan Incháustegui y Edmundo del Águila como aspirantes a las vicepresidencias. Fernando Belaunde tenía muchas esperanzas en esta fórmula, que consideraba ideal y representativa.

Tomado de Hablemos del Perú, Testimonio de un candidato. Raúl Diez Canseco Terry, Lima, 1996.

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