Visita del Santo Padre: una oportunidad para reencontrarnos los peruanos

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Con profunda gratitud, he recibido la designación como Asesor de Alto Nivel Ad Honorem del Ministerio de Relaciones Exteriores para contribuir en la organización de la próxima visita de Su Santidad el Papa León XIV al Perú. Asumo esta responsabilidad como lo que verdaderamente es: una oportunidad para servir y convocar voluntades alrededor de un acontecimiento que trasciende cualquier diferencia política, económica o social.

El Gobierno ha declarado de interés nacional la visita del Santo Padre, prevista del 11 al 16 de noviembre, y ha constituido una Comisión Extraordinaria de Alto Nivel, presidida por el canciller Carlos Espá e integrada por 19 ministros de Estado, para articular el enorme esfuerzo que significará recibirlo en Lima, Chiclayo, Cusco y Pucallpa.

Esta misión representa, fundamentalmente, una convocatoria para promover la participación efectiva del sector privado, empresarial y no empresarial, y articular sus capacidades con el Estado y la Iglesia Católica. Es una señal que debemos valorar.

El Estado no puede hacerlo todo solo. Tampoco la empresa privada. Pero cuando ambos trabajan juntos, acompañados por la Iglesia y la sociedad civil, el Perú multiplica enormemente sus capacidades.

Ya lo vivimos durante la pandemia. En uno de los momentos más dramáticos que recuerde nuestro país, cuando miles de familias buscaban desesperadamente oxígeno para sus seres queridos, nos juntamos la Iglesia, los empresarios y los ciudadanos y nació “Respira Perú”. Sumamos esfuerzos para adquirir y fabricar plantas de oxígeno que fueron distribuidas allí donde más se necesitaban.

En Chiclayo se encontraba entonces monseñor Robert Prevost, acompañando y ayudando a una población duramente golpeada por la pandemia. La vida ha querido que, algunos años después, aquel obispo regrese al Perú convertido en el Papa León XIV.

El Santo Padre conoce nuestro país. Lo ha caminado, ha compartido las necesidades de su gente y conoce tanto nuestras enormes posibilidades como las heridas que todavía debemos sanar. Su presencia entre nosotros representa, por eso, mucho más que una sucesión de ceremonias multitudinarias.

Puede ser una extraordinaria oportunidad para reencontrarnos y perdonarnos. Todos.

El Perú necesita reconciliación. Necesita recuperar la confianza, aprender nuevamente a escucharse y comprender que, por encima de nuestras legítimas diferencias, compartimos un mismo destino.

La naturaleza acaba de recordárnoslo. Los recientes sismos en Junín y Ayacucho volvieron a poner a prueba a poblaciones vulnerables y dejaron daños en viviendas e infraestructura. Además, sabemos que tenemos por delante los riesgos asociados al fenómeno El Niño.

Frente a esas circunstancias solo existen peruanos que necesitan de otros peruanos. Por eso, la experiencia de unidad que empezamos a construir alrededor de la visita del Santo Padre no debería concluir el 16 de noviembre, cuando León XIV deje nuestro país.

Si somos capaces de convocarnos para recibir al Papa, también debemos ser capaces de hacerlo para prevenir los efectos de El Niño, reconstruir las viviendas de quienes lo pierdan todo, proteger nuestros pueblos, combatir la pobreza y generar oportunidades para nuestros jóvenes.

La visita de León XIV puede ayudarnos a recordar algo que quizá hemos olvidado durante demasiados años: el Perú es mucho más grande que nuestras diferencias. El Perú nos necesita a todos. Que la visita del Papa no sea el final de un esfuerzo nacional. Que sea el comienzo de uno.

Publicado en Expreso, 25 de agosto de 2026

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Categorías: Columna de Opinión
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