El Perú vive horas delicadas. Con la reciente sucesión constitucional, el país tiene hoy a su octavo presidente en menos de diez años. Esta cifra, por sí sola, refleja el nivel de fragilidad política en el que nos hemos acostumbrado a vivir. No es normal. Y, sobre todo, no es sostenible.
Hace poco señalábamos en esta misma columna, que, pese a las turbulencias políticas, la economía peruana mantenía un curso de crecimiento y estabilidad. Pero cuidado: no podemos seguir pensando que la política y la economía son cuerdas separadas.
La inestabilidad prolongada siempre termina pasando la factura. Primero a la confianza, luego a la inversión y finalmente al empleo y al bienestar de las familias.
«Tiene por delante cinco meses. No es tiempo para experimentos, ni para agendas personales, ni para decisiones que generen retrocesos o nuevas tensiones«.
El nuevo presidente, José María Balcázar, enfrenta por ello una responsabilidad histórica, aunque su mandato sea breve. Su prioridad debe ser clara e inmediata: garantizar la absoluta transparencia del proceso electoral en curso.
El Perú necesita tranquilidad. Necesita la certeza de que las elecciones serán limpias, neutrales e incuestionables. Después de años de crisis, confrontaciones y gobiernos interrumpidos, lo único que puede devolver estabilidad al sistema es un proceso electoral legítimo y respetado por todos.
Tiene por delante cinco meses. No es tiempo para experimentos, ni para agendas personales, ni para decisiones que generen retrocesos o nuevas tensiones. Es tiempo para recuperar el sentido democrático del Estado y asegurar una transición ordenada hacia el gobierno que los peruanos elegirán en las urnas.
Esa responsabilidad también implica preservar la estabilidad económica. Y ello pasa por respetar pilares fundamentales, como la independencia del Banco Central de Reserva, institución que ha sido clave para mantener la inflación controlada, la moneda estable y la confianza internacional en el país.
Hoy más que palabras, el Perú necesita señales. La primera de ellas será la conformación del Consejo de Ministros. Un gabinete técnico, predecible y sin estridencias puede ayudar a calmar los mercados, a los inversionistas y, sobre todo, a los ciudadanos.
La continuidad en sectores estratégicos —Relaciones Exteriores, Economía, Comercio Exterior y Educación— enviaría un mensaje claro: el país mantiene su rumbo y su responsabilidad institucional, más allá de las coyunturas políticas.
El Perú ya está suficientemente tensionado. No necesitamos más confrontación. Lo que el país espera en estos meses es serenidad, prudencia y sentido de Estado. Porque lo que está en juego no es el destino de un gobierno transitorio. Lo que está en juego es la confianza de los peruanos en la democracia, en sus instituciones y en la posibilidad de que el país recupere, por fin, un ciclo de estabilidad.
Después de ocho presidentes en una década, el Perú no resiste otro error.
Publicado en Expreso, 24 de febrero de 2026
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