La trilogía de la pobreza

En una visita de trabajo a República Dominicana, país de la bachata y el merengue, descubrí que su población respira optimismo. Su presidente, Luis Abinader, un joven político con visión y acción claras, nos invitó a compartir lo que viene haciendo para sacar a su país de lo que bien podría ser el denominador común de toda América Latina: la trilogía de la pobreza, que es la suma de la pobreza política, económica y espiritual que hoy aqueja a gran parte de nuestra región.

La pobreza económica producto de malas políticas públicas macro y microeconómicas, sin visión de futuro e integración al mundo, que busca mecanismos proteccionistas antes que la productividad, competitividad, inversión y promoción del emprendimiento.

La pobreza política, génesis de líderes y partidos políticos sin doctrina, que abusan de la prebenda particular antes que, del bien común, que imponen leyes para el aplauso fácil, que son pan hoy y hambre mañana.

Y pobreza espiritual, centrada en la pérdida de valores y principios básicos del ser humano, que relativiza a niveles insólitos la ética y la moral, donde las “fake news” son la fuente de nuevos credos sin verdad ni integridad.

La trilogía de la pobreza es una estupenda concepción que el rector de la Universidad Dominicana O&M, José Rafael Abinader, me la explicó en su despacho, y que resume las turbulencias que sacuden hoy nuestros países. Esta trilogía perversa se potenció por la presencia de la COVID-19, que enlutó a miles de familias, cerró puestos de trabajo y dejó a millones de familias sin sustento.

De regreso a Lima entendí que la trilogía de la pobreza tiene hoy su máxima expresión en el Perú, con un proceso electoral presidencial, el más importante del siglo 21, aún sin resolver, con más de 13 mil millones de dólares que han salido al extranjero, con peruanos divididos y movilizados en las calles, y con una pandemia que amenaza envolvernos en su tercera ola.

No merecemos ese futuro. El país no puede ser arrastrado por la trilogía de la pobreza. De ella venimos escapando en los últimos años. No está todo resuelto. Pero no hay forma de seguir progresando sin que el Perú vaya al encuentro del mundo y sin que el mundo venga a nosotros. Poner en valor el Perú Milenario, reconocido en el mundo por su patrimonio cultural e histórico, ubicación, geografía, su biodiversidad en la costa, sierra, selva y el mar, y por su extraordinaria gastronomía, debe ser nuestro compromiso para sacar el país adelante.

Publicado originalmente en Diario Correo.

Categorías: Columna de Opinión
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