La gesta de La Merced

la gesta de la merced

Escribe: Raúl Diez Canseco Terry*

Mañana, 1 de junio, se cumplen 66 años de una gesta que, en las circunstancias actuales, recobra especial simbolismo. Me refiero a la decisión de Fernando Belaunde Terry de defender con vigor la vulneración del derecho sagrado a la participación electoral.

Enarbolando una bandera peruana, Belaunde avanzó por el Jirón de la Unión reclamando al jurado electoral su inscripción como candidato a la presidencia de la República, cuando, a la altura de la iglesia de La Merced, las fuerzas represivas le cerraron el paso a punta de potentes chorros de agua.

El acto pasó a la historia como “El Manguerazo”, pero con el correr de los tiempos fue el inicio de una proeza que sirvió de inspiración a los jóvenes de entonces que encontraron un líder que los representara.

Ese acto fue el inicio de Acción Popular. El partido nació para representar a una pujante clase popular que se abría paso en las ciudades, y que sintonizó con el deseo de Belaunde de convertir al Perú en un país de propietarios.

Belaunde instauró políticas de Estado sin las cuales no podría entenderse el desarrollo alcanzado en diversos sectores. La construcción de represas, por ejemplo, permitió teñir de verde el arenal y ampliar la frontera agrícola, lo que explica el crecimiento exponencial de la agroexportación.

Las carreteras unieron pueblos y crearon corredores económicos. El camino -decía el arquitecto Belaunde- no es gasto, sino inversión. Inversión reproductiva y alentadora. Y cuando sus críticos le decían que no hay que construir caminos sino limitarse a producir alimentos, él les respondió: “El camino es la cuchara que lleva comida a la boca del pueblo”.

Algo similiar puede decirse de la política de vivienda. Dictó leyes en favor del planeamiento y desarrollo urbanístico que permitieron luego la construcción de la Unidad Vecinal Nº3, más de 1.100 viviendas con área comerciales y recreativas. Después vendría la Residencial San Felipe en Jesús María, 33 edificios con más de 1.500 viviendas con áreas verdes.

En su segundo gobierno Belaunde ejecutó el Plan de Revolución Habitacional en Democracia y el Conjunto Residencial Limatambo en San Borja, más de 2.400 viviendas para la emergente clase media.

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La gesta de La Merced simbolizó la demanda urgente de libertad, pluralidad y derecho a la participación política, esencia de la democracia. El jurado electoral de entonces se negó a reconocer estos derechos aduciendo mil triquiñuelas legales. Belaunde le dio un plazo de media hora para inscribir su candidatura a la Presidencia de la República.

Cuánta diferencia con el vía crucis partidario que pasamos hoy en día los acciopopulistas. Y no solo nosotros, sino también partidos políticos democráticos, como el Partido Popular Cristiano y el Apra, a quienes el ente electoral actual les negó inscribir candidatos en las elecciones generales pasadas.

Hasta hoy el actual Jurado Nacional de Elecciones se resiste a reconocerle a Acción Popular sus autoridades internas elegidas democráticamente. Es un atropello legal dejar a las autoridades partidarias en el limbo jurídico, pues, de esa manera, no se pueden establecer los órganos de línea o los tribunales de sanción para dirimir inconductas funcionales o partidarias.

La esencia de la democracia son los partidos políticos. No extenderles reconocimiento a sus nuevos dirigentes es condenarlos al ostracismo civil. Y en ese espacio de indefinición aparecen las conductas inmaduras, infantiles, doblegadas al poder político de turno. Para quienes me preguntan sobre el accionar torcido de “Los Niños” les digo: ellos no representan el espíritu del partido, ni el pensamiento belaundista, ni la doctrina acciopopulista.

Belaunde diferenció siempre a quienes denostaron contra la vida partidaria orgánica y disciplinada. El “independentismo”, dijo, no genera ciudadanos interesados en llegar al poder para cambiar la realidad nacional, sino cazadores de curules que no diferencian ideales de programas, ni doctrina de planes individuales.

Él supo sintetizar el rol que nos demanda la sociedad y la historia a los partidos políticos: convertirse en instituciones sólidas, estudiar el país, fiscalizar al gobierno de turno y participar en procesos electorales con propuestas y planes.

Es lo que debemos hacer en momentos como el que vivimos. Alejar todo personalismo de la dirección y renovar el liderazgo para perdurar. También desarrollar una vocación de diálogo auténtico y democrático convocando a todas las fuerzas no antagónicas ni extremas que compartan los ideales de vivir en democracia y libertad.

“El Perú como doctrina” es una propuesta plenamente vigente. “La conquista del Perú por los peruanos” nos señala una dirección clara. Acción Popular es hoy una fuente de pensamiento, de interpretación de la realidad que nos demanda el siglo XXI.

En este primero de junio, mi absoluto convencimiento de que el partido que creó Belaunde prevalecerá en el tiempo, anclado en sus jóvenes, porque las ideas son raíces que ningún temporal pasajero podrá jamás arrancar, y porque siempre habrá nuevas generaciones que las defiendan.

* Ex primer vicepresidente del Perú y ex secretario general nacional de Acción Popular.

Fuente: Diario Expreso, Columna de opinión, 31 de mayo de 2022

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