EDUCACIÓN PARA CRECER

Normalmente cuando nos referimos a la educación la entendemos como el proceso por el cual adquirimos conocimientos formativos en alguna especialidad. Pero, la educación es más que eso. El auténtico valor de la educación está en la formación integral del individuo en una sociedad, más allá de su formación técnica o profesional.

Por esta razón, la educación debe ser una política de Estado cuya prioridad fundamental debe ser formar a los futuros ciudadanos en valores, deberes cívicos, superación constante y amor por el Perú.

A menos de dos meses de culminar un nuevo año escolar atípico es necesario que el Estado realice todos los esfuerzos para lograr que los alumnos regresen presencialmente a las aulas. Suficiente daño socioemocional ha causado la pandemia como para seguir afectando más a la generación del bicentenario.

En este contexto, el desafío que nos plantea la educación es recuperar lo que hemos perdido en la pandemia y fortalecer la formación de los jóvenes con una educación reflexiva, inclusiva y participativa, estableciendo estándares para la educación básica regular —compresión lectora, matemática, comunicación— y mejorar los estándares de la educación técnica y superior adaptándolos a las necesidades de la industria, comercio y servicios.

Para ello, en primer lugar, el Gobierno debiera desarrollar un programa de mejoramiento de la infraestructura de las instituciones públicas en todo el territorio nacional que garantice un óptimo nivel de educación contemporánea, y acortar la brecha de 100 mil millones de soles que tenemos en este sector. Esto significa crear laboratorios digitales con conexión a internet al 100% en todos los colegios. Y donde no llegue la electricidad, usar paneles solares.

La educación inicial debe ir de la mano del fortalecimiento de la política nutricional. Los índices que habíamos logrado ganar en la reducción de la anemia retrocedieron con la pandemia. Recordemos que en el ámbito rural la anemia afecta a casi la mitad de los infantes entre 6 meses y 3 años.

Cuando esta deficiencia nutricional llega a la escuela los resultados son desalentadores.
Tenemos a más de dos millones de jóvenes peruanos y sus padres pensando en cuál será su futuro y cómo enfrentar un mercado laboral que en los últimos años se ha deprimido y se vuelto más cambiante. Todo ello, sin dejar de pensar en qué desean para su futuro los jóvenes que actualmente forman la fuerza laboral del país, los millennials y centenials que al 2025 representarán el 40% y 30% de la fuerza laboral, respectivamente.

En el Perú tenemos un déficit de trabajadores técnicos desde hace por lo menos cuatro décadas. Debemos prepararnos para cubrir esta demanda. En este punto se debe modernizar las normas técnicas para crear nuevas carreras y programas, y contar como mínimo con un instituto técnico superior alineado con las necesidades y potencialidades de desarrollo de cada región.

Las empresas pueden establecer alianzas estratégicas con los institutos técnicos superiores para que los jóvenes accedan a una educación dual que les permita, al culminar sus estudios, complementar su formación teórico-práctica. La productividad aumenta un 33% cuando un joven recibe capacitación en este modelo de aprendizaje.

Para los jóvenes de escasos recursos económicos, pero con gran talento, el Estado debe aumentar el programa de becas. Este incentivo fomenta la permanencia de los estudiantes en el nivel superior. En suma, la educación del bicentenario debe atender la formación cognitiva, afectiva y socioemocional poniendo atención en valores, innovación, creatividad, diversidad e inclusión social.

Fuente: Diario Expreso