“Somos peruanos, déjennos trabajar”

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“Si no pagan 50 mil dólares semanales, vamos a atacar a sus negocios, a su familia y a usted”

Había llegado a mis manos una carta del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), que contenía bonos de guerra y amenazas contra mí y mi familia.

Como lo hemos contado, la historia de las franquicias en el Perú se remonta a inicios de la década de los 80, cuando introdujimos el sistema de los fast food en el rubro de alimentos. Pero no todo fue color de rosa cuando iniciamos el negocio, la vida de un emprendedor está llena de riesgo y mucha adrenalina.

Señalo esto porque aquella década fue terrible para el Perú por la acción terrorista de Sendero Luminoso y el MRTA, que actuaban a través de atentados, secuestros y amenazas de muerte a empresarios que se resistían a pagar lo que ellos llamaban “cupos de guerra”.

En marzo de 1985, el MRTA colocó explosivos e incendió tres locales del KFC, ubicados en ese entonces en las avenidas Javier Prado, Arequipa y Benavides. El miedo se apoderaba de los peruanos y numerosos empresarios salieron del país. El éxodo parecía inevitable y el Perú se desangraba a costa de bombas y asesinatos.

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Se imaginarán lo que fue mi vida a partir de esos momentos. Cada cierto tiempo dinamitaban un local de KFC. El local de la cuadra 43 de la avenida Arequipa nunca más se pudo recuperar.

Estaba entonces frente a un dilema: dejar el negocio o continuar. Aquellos tiempos fueron extremadamente difíciles, el reino del terror ejercía su dominio.

Mis socios, para proteger a sus familias y ante la situación que empeoraba con el transcurrir de los meses, decidieron salir del país. Yo me quedé.

  • ¡A mí no me van a correr! – exclamé.

Hubo que actuar rápido. Junto a Fernando Otero preparamos una campaña publicitaria cuyo mensaje central decía “Somos peruanos, déjennos trabajar en paz”. El aviso se publicó en todos los diarios de Lima. Hasta ese momento habían afectado ya varios locales, entre ellos los de la avenida Arequipa, de San Luis, de San Borja y de la avenida Javier Prado. Fue algo espantoso, una pesadilla.

Tan pronto como un local era blanco de un ataque, a las 48 horas ya estaba listo para funcionar. Respondíamos siempre con un aviso que mencionaba la reapertura. El resultado de esta estrategia fue increíble, el público llenaba el local afectado y la gente hacía cola para comprar.

La campaña publicitaria salía con fuerza, obtenía el impacto deseado y, ante su fracaso, los terroristas detuvieron su acción criminal.

Hago este recuento para remarcar que en toda historia de éxito hay fracasos, tensiones, esfuerzos, pérdidas, subidas y bajadas. La lección es persistir, perseverar, porque de otra manera no vas a lograr tu sueño ¿Qué hubiese pasado si cedía al chantaje del MRTA?

Raúl Diez Canseco Terry. El arte de emprender, segunda edición, Universidad San Ignacio de Loyola. Lima, 2013.

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Aquí hay 3 comentarios

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  1. Eliana

    Fueron tiempos muy difíciles y violentos que jamás debemos olvidar para que no se repitan en el futuro. Lo digo porque estuve presente en el atentado al KFC de Javier Prado y Frutales. Yo tenía 5 o 6 años, no recuerdo la fecha exacta, pero siempre quedará grabada en mi memoria cómo ingresaron al local y nos amenazaron a todos con armas de largo alcance. Sin embargo, nos dejaron salir antes de hacer estallar las bombas que habían preparado. No estoy segura si éste era el proceder habitual, es decir evacuar el local para no matar a los clientes y empleados. ¿Me podría confirmar si esto ocurrió también en los otros locales que sufrieron atentados?


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