“Quiero ser un gran actor político, pero de reparto”

Entrevista del diario La República

Siento que su libro no es solo de consejos, sino que de memorias… ¿A los 65 no es joven para hacer sus memorias?

Tienes que entender que alguien que ha tenido tanta suerte en la vida, que ha recibido tanta ayuda, que le fue tan bien y le sigue yendo bien, siente que debe retornar en vida lo que recibió y compartir con los que vienen atrás y los que vienen de abajo. Yo  soy el hombre más feliz teniendo acá (en la USIL) a los alumnos de Beca 18, que son los chicos más pobres que te puedes imaginar…

Las cosas han cambiado para los jóvenes en casi medio siglo. ¿Cuáles son las recetas que transcienden al tiempo?Primero, hay que tener convicción en la vida, una meta definida. ¿A dónde quieres ir? ¿Cuál es tu norte? Una vez definido eso, ponerle pasión. Yo les digo a los jóvenes: ¿sabes lo que es pasión? Cuando te enamoras de alguien y no te corresponde. ¿Qué haces?  ¿Te resignas o creas la estrategia para conquistarla?

¿Usted nunca se ha resignado?

Yo pienso que en la vida no hay que resignarse nunca. La tercera receta es no temer a equivocarse. Eso se llama la garra. Y, finalmente, viene el éxito. Y cuando tengas éxito, nunca te olvides que no lo hiciste solo.

Dice que su éxito se asienta en un rosario de fracasos. ¿Cuál ha sido el peor?Un día, estando de gerente de Kentucky, estaba en el canal 5 y me encuentro con una vidente, Coty Zapata. En un  momento que me distraje, me agarra la mano, la mira y le cambia la cara.  Le digo: Coty, ¿qué has visto? Y ella me dice: No, Raúl, solo cuídese. Al día siguiente, llego a la oficina y me entregan un sobre. Era una carta del MRTA pidiéndome cupo de guerra, y si no pagaba me comenzaban a volar las tiendas.

Y cumplieron, claro.

Durante tres meses nos volaban todos los sábados una tienda.  Todos mis socios se fueron. Me quedé solo. ¿Qué podía haber hecho?  ¿Cerrar e irme?  No, enfrenté el terrorismo. Al final, logramos sacar adelante el negocio.

Durante años fue un presidenciable.  ¿Era un sueño para usted ser presidente?  

No, pero sí un objetivo: ser un puente. Siempre he sido el constructor de las grandes coincidencias. Entonces, ¿cómo vas a buscar esas coincidencias, que son el puente al futuro, con los demás andando detrás de ti? Tienes que construir ese puente y dejar que otros lo pasen.

Pero usted tentó la presidencia…

¿Cuándo la tiento? La primera vez, y la única, con Acción Popular, cuando el otro candidato era Fujimori a la reelección. O sea, era enfrentarse al monstruo. Nos borraron votos en todo el Perú. No hubiéramos ganado, pero no el 2 o 3%, pues. Nos borraron como partido.

Cuando fue elegido vicepresidente, también tenía un futuro político brillante…

La gente olvida que yo llegué a tener 40% de aceptación y ese fue mi Waterloo. El entorno del Presidente le vendió el cuento de que yo era un traidor y me generaron esas circunstancias (la acusación de favorecer al padre de su hoy esposa) que, a la postre, fueron investigadas y archivadas por el Poder Judicial.

¿Ahí terminó su carrera política?

Yo sufrí mucho e hice sufrir a mucha gente. Porque la política es muy ingrata y hasta cruel, porque nadie se acuerda de lo que uno entregó en la cancha. Pero si tuviera que volver a recorrer las cosas buenas que se hicieron las volvería a hacer.

A raíz de sus apariciones para publicitar su libro, se ha dicho que usted está tratando de reciclarse.

Habría que preguntarles qué es reciclarse, porque yo sigo siendo el mismo.

Supongo que sugieren que está armando un regreso a la política…

Yo nunca me fui, porque para mí la política es construir, crear, actuar.

Hablo de la otra política, la política electoral. ¿Ya se cerró eso?

No. Yo quisiera ser un gran actor político, pero no actor principal, sino de reparto. Y buscar el encuentro nacional, porque soy un convencido de que si en las próximas elecciones el Perú no se une, podemos perder todo lo ganado.

Usted lo ha logrado todo empresarialmente, ¿cuáles son sus sueños?

Veo un Perú maravilloso, con grandes líderes provincianos, con jóvenes tomando la posta. Y esto de la Beca 18, ojalá Dios me dé vida para…

¡Tiene 65 años, no se pase!

Mira a Javier Diez Canseco, mi primo hermano querido. Su muerte me ha tocado no sabes cómo. Por eso notas este acento de tristeza en mi voz. Por eso, como dijo Steve Jobs, hay que hacer lo que uno está haciendo tan bien como si fuera lo último que estás haciendo en la vida.

¿Y ha vivido la vida plenamente?

Yo le pido a Dios siempre que me dé la oportunidad de devolverle al prójimo lo que me dieron a mí. Y siempre le pido perdón. Porque uno mete la pata, pues, a veces. Vehemencia, falta de visión, circunstancias…

Siento que lo que muchos consideraron una metida de pata suya, enamorarse, para usted no lo fue…

¡Es tan complejo todo eso! Lo que he decidido en ese tema puntual es ya no volverlo a tocar nunca más, porque hay que saber voltear la vida, y porque hay niños y jóvenes en el camino que hay que respetar.

¿Pero usted es un hombre feliz?

Diría que la palabra clave es paz. No puedes ser feliz si no tienes paz.

La ficha

“Tuve que salir a buscarla a los 20 años, cuando a mi padre lo echaron del trabajo por el golpe militar. Con 20 alumnos, fundé una academia que hoy es la Universidad San Ignacio de Loyola. También traje al Perú las primeras franquicias de comida. Entré en política por mi tío, el presidente Fernando Belaunde Terry. Por eso he escrito El arte de emprender, que condensa mis 45 años de emprendedor académico, empresarial y político.

Fuente: diario La República