Juguémonosla por el Perú

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Las recientes elecciones han dejado una fotografía reveladora de un país que necesita a gritos ser atendido. Mientras buena parte de la costa —desde Tumbes hasta Ica— respaldó propuestas orientadas a la estabilidad económica y la inversión, extensas zonas de la sierra expresaron, a través de su voto, un profundo malestar y prefirieron salidas populistas y colectivistas que han fracasado en el mundo.

Pero sería un error interpretar este resultado como una confrontación ideológica irreconciliable. Tenemos un Perú dividido, es verdad, pero lo que eso nos dice, en realidad, es que tenemos una enorme brecha de oportunidades.

Elegida presidenta de la República, la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, no tendrá el tradicional período de “luna de miel” que suelen recibir los gobiernos entrantes. La polarización, la estrechez del resultado y el desgaste institucional obligarán a ofrecer resultados concretos desde el primer día.

Y la mejor forma de hacerlo será destrabando las obras que tiene el país.

El Perú posee hoy una cartera de proyectos mineros superior a los US$ 64 mil millones, pero cerca de cincuenta iniciativas permanecen paralizadas. Apenas estamos aprovechando un tercio de nuestro potencial de inversión.

A ello se suman más de 2400 proyectos de infraestructura pública detenidos, valorizados en más de S/ 70 mil millones: hospitales, colegios, carreteras, puentes y obras de saneamiento que permanecen atrapados entre la burocracia, los arbitrajes, la falta de capacidad técnica o, simplemente, la indiferencia del aparato estatal.

Mientras millones de peruanos demandan mejores servicios públicos, el Estado, a través de los ministerios y los gobiernos regionales y locales, mantiene inmovilizados recursos capaces de transformar regiones enteras.

Lo que propongo es que el próximo gobierno actúe con sentido de urgencia y una visión estratégica organizada para destrabar estos proyectos en el corto, mediano y largo plazo.

En el corto plazo, durante los primeros cien días, la prioridad debe ser quirúrgica: identificar y reactivar aquellas obras con mayor nivel de avance físico y mayor impacto social. Hospitales y colegios ejecutados en más del 80 % deben convertirse en objetivos inmediatos. Asimismo, será indispensable implementar una ventanilla única temporal que centralice la aprobación de permisos críticos para los proyectos de mayor impacto económico.

También será necesario ampliar mecanismos que han demostrado eficacia, como los contratos de Gobierno a Gobierno, así como establecer fideicomisos territoriales que permitan asegurar pagos oportunos a proveedores locales y evitar que las obras queden atrapadas en controversias judiciales interminables.

En el mediano plazo, el desafío será reformar procesos e instituciones. La Autoridad Nacional de Infraestructura deberá fortalecerse y blindarse frente a la interferencia política. La meritocracia debe convertirse en el criterio rector para la selección de sus cuadros técnicos. Del mismo modo, el mecanismo de Obras por Impuestos debe ampliarse para acelerar inversiones en agua, saneamiento y conectividad en las zonas más postergadas.
Finalmente, en el largo plazo, el Perú necesita institucionalizar la continuidad de sus proyectos estratégicos. No es razonable que cada cambio de gobierno implique comenzar desde cero. El Plan Nacional de Infraestructura debe trascender los ciclos electorales y convertirse en una auténtica política de Estado.

La gran lección que deja este proceso electoral es que el crecimiento económico debe sentirse en todos los rincones del territorio nacional. Destrabar el Perú es, sin duda, una tarea económica, pero también una estrategia de cohesión nacional.

El próximo gobierno tendrá poco tiempo para demostrar que es capaz de cerrar esas brechas. Si logra hacerlo, habrá dado el primer paso para reconciliar a un país que hoy parece mirarse desde dos orillas distintas. Destrabemos el Perú para reconciliarlo. Apostemos, trabajemos y comprometámonos. Juguémonosla por el Perú.

Publicado en Expreso, 16 de junio de 2026

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Categorías: Columna de Opinión
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