En el Perú solemos discutir el desarrollo como si fuera una abstracción. Pero, a veces, aparecen decisiones concretas —silenciosas, técnicas— que conviene destacar. La reciente firma de convenios aeronáuticos del Perú con Chile y Panamá es una de esas medidas que, bien aprovechadas, servirá para conectar regiones, estimular el turismo, atraer inversiones y hacer más competitivo al país. Y generar empleo en distintas zonas del país.
El tema me trajo a colación la acusación constitucional que realizaron contra mí y el Dr. Luis Solari, encargados, respectivamente, de la Presidencia de la República y del Ministerio de Relaciones Exteriores, por la firma del D. S. 081-2001-RE, que buscaba impulsar el transporte aéreo entre países miembros de la APEC, a la que también se había adherido Chile.
Tras dos años y ocho meses de persecución política intensa, el 13 de junio de 2006 el Congreso declaró improcedente dicha denuncia y archivó el caso de forma definitiva.
Más de dos décadas después, el país avanza hacia la modernización de su tráfico aéreo, con infraestructura que lo respalda y con funcionarios que, como ayer, piensan en el desarrollo nacional.
En el acuerdo con Chile se duplica el límite de vuelos entre Lima y Santiago: pasamos de 84 a 168 frecuencias semanales por cada país; es decir, 336 vuelos disponibles en el mercado. En términos simples, esto implica más asientos, más horarios, mayor presión competitiva y, por lo tanto, mejores condiciones para el pasajero.
El acuerdo con Panamá va en la misma dirección. Se establecen frecuencias ilimitadas para los vuelos entre Lima y Panamá, con el objetivo de ampliar las opciones de viaje, facilitar el flujo de pasajeros y fortalecer el ingreso de turistas internacionales.
Esperemos que se creen condiciones favorables para el crecimiento de la vía directa Panamá–Chiclayo, una ruta comercial por excelencia que crece de manera orgánica. Además, los acuerdos recién firmados amplían la conectividad para viajeros que vienen —o conectan— desde América Latina, Estados Unidos y Canadá.
Esto resulta clave porque el Perú está en una nueva etapa de infraestructura aeroportuaria. El terminal del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez busca consolidarse como hub regional; una obra de ese tamaño necesita rutas, frecuencias, competencia e integración.
El tráfico aéreo entre Perú y Chile bordea los 2 millones de pasajeros al año y se proyecta al alza con este acuerdo. Eso es turismo, negocios, reencuentros familiares, estudiantes y emprendedores; también, intercambio cultural.
Nada de esto opera en piloto automático. Para que los convenios se traduzcan en prosperidad se requiere gestión, servicios adecuados, accesos viales, seguridad, promoción turística inteligente y coordinación público-privada.
Estamos en la dirección correcta: cielos más abiertos, más competencia y una mirada menos centralista del desarrollo. El reto no es solo aumentar vuelos, sino conectar al Perú con el mundo y lograr que la infraestructura sea un motor de crecimiento y oportunidades. Ojalá lo hubiéramos entendido veinticinco años atrás. Pero nunca es tarde para abrir las alas y volar.
Publicado en Expreso, 3 de febrero de 2025
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