Responsabilidad Democrática y Prudencia Política

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Columna de opinión de Raúl Diez Canseco Terry para el diario Correo, Sección Economía, 21 abril 2015

Desde la actividad política y el mundo de los negocios he tenido el honor y el orgullo de participar en una aventura colectiva que ha liderado el pueblo peruano: la construcción del Perú moderno y pujante que ha llamado la atención del mundo en los últimos años, tanto por el crecimiento de su economía como por el progreso de su sociedad.

Ese logro colectivo ha sido el resultado de un enorme esfuerzo y perseverancia en la aplicación de las mejoras políticas públicas y en la adopción de estrategias de estado que trascendieron la gestión individual de un presidente o de una administración para mantenerse como pilares del progreso y la inclusión del conjunto de la sociedad peruana.

Preservar esos logros y mantener el rumbo hacia el progreso y la integración en la economía global requiere ahora especial cuidado. Los nuevos desafíos que nos toca enfrentar demandarán una enorme dosis de prudencia política de toda la clase dirigente y en especial de quienes han recibido el mandato de la ciudadanía.

Me puse a escribir estas reflexiones como producto de mis habituales intercambios con los líderes empresarios y políticos que tienen lugar en las conferencias y seminarios en los que participo habitualmente como orador alrededor del mundo.

Los mismos protagonistas que me escuchan ponderar y promover las virtudes del Perú y que han celebrado sus muchos progresos en los últimos años, me consultan ahora, con creciente inquietud, acerca de los derroteros de nuestro sistema político.

En la última década el Perú cumplió con sus deberes e hizo su tarea para participar vigorosamente del crecimiento global que lideraron las economías emergentes. Hay que tener en claro, sin embargo, que la década 2003-2013 fue un período excepcional en la economía internacional que difícilmente vuelva a repetirse.

El futuro ya no es el que era. El futuro en el que viviremos en los próximos años será más exigente con los países que deseen asegurar su crecimiento. Las políticas nacionales serán muy importantes y su correcta implementación se volverá vital para asegurar un tránsito ordenado hacia la prosperidad, consolidando el crecimiento de nuestra clase media.

Será difícil asegurar ese proceso en un contexto de volatilidad político-institucional. Con aciertos y errores, la actual administración se dispone a completar el periodo de gobierno que le ha encomendado la ciudadanía.

En poco tiempo más comenzará la campaña electoral para elegir una nueva administración que lidere el país desde el 2016. No se puede menos que desear que la clase dirigente de nuestro país concentre las energías políticas sanamente en ese proceso y que, al mismo tiempo, actúe con compromiso patriótico y responsabilidad para evitar poner en juego los muchos logros conseguidos por la sociedad peruana.

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