Raíces

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“¿Quién es Raúl Diez Canseco Terry?”, se interrogaba la gente cuando me veía llegar a su localidad, en plena campaña electoral (*). “¡Es el sobrino de Belaunde!”, era la respuesta categórica que más se oía.

Si bien esa identificación ahorraba mayores explicaciones sobre la trayectoria de un candidato, se prestaba también a ciertos comentarios maliciosos y hostiles.

Como en un lugar en Puno, cuando oímos en una radio local que en Acción Popular se practicaba el nepotismo “de una manera desbordante”, y que una prueba de ello era mi candidatura “que obedecía a la predilección del presidente Belaunde por sus parientes directos”.

Nada más injusto, desde luego. Si hay algo que el presidente Belaunde hace, es, precisamente, todo lo contrario: mantener a su familia directa lo más alejada posible de la turbulencia política nacional.

Si los Belaunde, los Terry o los Diez Canseco figuran en los lugares destacados de nuestra historia, se debe fundamentalmente a ese interés que siempre hubo por servir al país y participar en causas justas.

Fue en 1956 que la figura de Fernando Belaunde apareció de manera rutilante en la escena nacional. Era yo muy niño para comprender lo que ocurría y sin embargo, viajaba en motocicleta con mi madre –su prima hermana por línea materna- entregando volantes en apoyo a su candidatura presidencial.

Pero las que me condujeron definitivamente a enlazarme con la política, fueron las campañas electorales de 1962 y 1963. En ellas participé activamente y con convicción plena, distribuyendo volantes, pegando fiches y hablando siempre a favor de Belaunde, quien triunfó y llegó por primera vez a Palacio de Gobierno.

Sin embargo, no fue hasta 1983 que conocí personalmente al presidente. Cuando culminó su mandato, tuve la satisfacción de trasladar a Belaunde en mi vehículo hasta el Callejón de Huaylas. Durante el viaje hablamos de la familia, sobre el gobierno que acababa de terminar y sobre el futuro de Acción Popular.

Desde entonces, la actividad política ocuparía el centro de mi atención. A fines de 1987 fui elegido secretario departamental de Lima Metropolitana en Acción Popular y en 1990, fui elegido diputado por Lima en la lista del Frente Democrático (Fredemo), con más de 50 mil votos preferenciales.

El golpe de Estado de 1992 frustró mi carrera parlamentaria. Presidía entonces, y por segunda vez desde agosto de 1990, la Comisión de Industria, Comercio, Turismo e Integración de la Cámara de Diputados.

Más adelante, estando próxima la campaña electoral de 1995, en la que Alberto Fujimori postulaba por segunda vez, el arquitecto Belaunde negaba tanto pública como internamente, la posibilidad de ser candidato por Acción Popular. “Mi edad no me lo permite”, fue su argumento principal.

Así las cosas, la idea de Belaunde candidato se fue desvaneciendo gradualmente, a medida que se acercaba la fecha tope para la inscripción de aspirantes presidenciales. A la par, mi candidatura estaba siendo solicitada por diversos comités del país.

“Si usted y el partido lo consideran necesario, estoy dispuesto a asumir esa responsabilidad. Me atengo a las consecuencias”, le manifesté.

Finalmente, el Plenario Nacional formalizó mi candidatura, con los ingenieros Juan Incháustegui Vargas y Edmundo del Águila Morote como aspirantes a la primera y segunda vicepresidencias, respectivamente.

*Campaña para las elecciones presidenciales de 1995

Tomado de Hablemos del Perú, Testimonio de un candidato. Raúl Diez Canseco Terry, Lima, 1996.

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