Las dos orillas de la desigualdad
Artículo del diario El Comercio
1 de febrero de 2011
Por: Raúl Diez Canseco Terry*
Como el sonido del gong, el último informe Riesgos Globales 2011 del Foro Económico Mundial (FEM), presentado recientemente en Londres, subraya que el aumento de la tensión geopolítica y la creciente falta de cohesión social han situado a los gobiernos y a las sociedades del mundo en una situación “especialmente vulnerable”. Destaca “dos riesgos globales transversales”: la desigualdad económica y los malos gobiernos y habla sobre la paradoja del siglo XXI, aquella que a medida que la globalización crece también crecen las distancias, es decir la distribución desigual de la riqueza con gran beneficio para unos pocos. Da el ejemplo del crecimiento de China, India y Brasil, aunque la desigualdad dentro de cada nación aumenta.
En nuestro país no es diferente. Las cifras indican que hay más consumo de cemento, mejores rendimientos en manufactura y agricultura, la macroeconomía está boyante y la microeconomía no se queda atrás. El Gobierno da cuenta de que el PBI habría sumado US$153 mil millones, que el PBI per cápita alcanza los US$5.200, que la pobreza pasó de 48,7% en el 2005 a cerca de 30% en el 2010 y que, entre otros anuncios, el Perú subió en los últimos cinco años 24 puestos en el ránking del Índice de Desarrollo Humano (IDH) de las Naciones Unidas, al pasar del puesto 87 en el 2005 al 63 en el 2010.
No discutimos las versiones oficiales, empero hay que subrayar la otra cara de la moneda: el de la desigualdad, de la que nos habla el Foro Económico Mundial y la que hemos venido acumulando de manera estructural.
En el fondo, es un factor relevante en la creación de la pobreza. Según el coeficiente Gini, que mide el grado de desigualdad en la distribución del ingreso en una sociedad y que para muchos es una herramienta que identifica factores que las caracterizan (educación, salud, pobreza, tecnología, género y gobernabilidad y democracia), cuestiona el impacto social de los indicadores mencionados. Según este indicador, la desigualdad en el Perú ha crecido de 0,47 en el 2008 a 0,52 en el 2010 (incluso llegaría al 0,6, según otros estudiosos y adherentes al factor Gini).
Nos explicamos. El programa Juntos, por ejemplo, otorga 100 soles mensuales a cientos de miles de peruanos más pobres, especialmente del sector rural. Por su parte, el programa Construyendo Perú genera empleos temporales que son recompensados con salario mínimo. Ambos formatos hacen que las personas no se ubiquen en la extrema pobreza, pero en realidad siguen siendo pobres porque carecen de salud, educación, agua y desagüe, etcétera.
Según informes, en los últimos 14 años el Perú aumentó su consumo per cápita de leche, al pasar de 45 a 60 litros por habitante al año, un avance considerable en consumo de productos lácteos. Sin embargo, el mencionado consumo sigue siendo bajo en comparación con otros países de Sudamérica. En la otra orilla están las personas que tienen sus problemas fundamentales resueltos, aumentan sus ingresos y, entonces, la brecha va creciendo, lo que configura un caldo de cultivo de conflictos sociales.
¿Qué hacer para evitar los riesgos globales? Combatir las causas que crean desigualdad, a saber: la brecha en infraestructura estimada en casi US$40 mil millones, en carencia de agua y desagüe que afecta a 10 millones de personas, la falta de educación de calidad, principalmente en el área rural, cobertura de salud, seguridad ciudadana, etc. Bregar contra estos componentes de desigualdad significa asegurar el éxito económico que el Perú ha logrado en la última década.
(*) Ex vicepresidente de la República
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