La Revolución Educativa
Artículo del diario El Comercio
31 de diciembre de 2010
Por Raúl Diez Canseco Terry
La velocidad de las transformaciones en la sociedad del siglo XXI requiere, según los expertos, de conocimiento, porque preserva la competitividad; de la equidad, porque asegura la integración social y la convivencia pacífica, y del compromiso en principios y valores, porque nos revalora como seres humanos y reduce la visión consumista de la vida. Lo único que garantiza todo ello es la educación. ¿Y cómo se llega a ese modelo educativo? La respuesta es transformando el actual por uno que sea capaz de responder a las necesidades del futuro y que desarrolle el pensamiento creativo de las personas para operar en contextos complejos.
Sin una educación revolucionaria, que identifique las competencias de las personas, potencie su creatividad en función del mercado laboral y que cumpla con educarlas con sólidos principios éticos y morales, no generaremos las condiciones para insertarnos plenamente en la aldea global. Es verdad que los presupuestos, aún por debajo del deseable 6% del PBI, imposibilitan una educación de alta calidad. Pero el nuevo paradigma educativo, bajo el liderazgo de la Presidencia de la República y secundado por un equipo altamente calificado, debe posibilitar la reingeniería del sistema y con menores costos.
Existen propuestas para mejorar la educación con el fin de construir una sociedad moderna y tecnológica, que permita mejorar la calidad de vida fundamentada en la convivencia y la armonía, así como para impulsar la creación de comunidades culturales, escuelas de familia y abiertas a la comunidad, promover la educación bilingüe en la educación básica, y fomentar políticas fundamentadas en la equidad, la inclusión y cobertura educativa, el crédito educativo, la educación rural, la inclusión de los desfavorecidos, la optimización de la gestión y la descentralización. Todo ello son hitos para responder a los desafíos del futuro.
Los avances en la capacitación docente son importantes, pero no lo es todo. Es obvio que sin la contribución creativa del magisterio cualquier reforma estará destinada al fracaso.
A ello debe sumarse la empresa privada y la sociedad civil con el fin de articular y adecuar los cambios en función de los distintos requerimientos productivos, considerando que la formación permanente del recurso humano es el factor táctico y estratégico en el crecimiento de las instituciones, de las empresas y la nación.
De otro lado, el papel de la educación en una democracia es fundamental, porque condiciona el raciocinio de las personas hacia el bien común. Además, brinda el juicio necesario para el ejercicio de sus deberes y derechos, el conocimiento de sus límites y el principio de autoridad que impone una sociedad moderna, solidaria, justa y democrática.
En suma, la educación no puede ser un área autónoma del Gobierno sino del Estado; en consecuencia, sus políticas deben tener continuidad, porque requiere de plazos largos para ser fecunda y para que, efectivamente, se convierta en instrumento de cambio en la vida de los peruanos. Después de todo, reitero, necesitamos erradicar la visión consumista de la vida y formar personas competitivas y globales.
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