Fernando Belaunde y la ‘ley de la hermandad’

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En los primeros tiempos de sus giras por el interior del país, a fines de la década de 1950, mientras visitaba pequeñas aldeas olvidadas en la abrupta serranía, Belaunde se dedicó a auscultar el sentir de las poblaciones. Así conoció el abandono y la miseria en los que vivía el campesinado.

Belaunde comprobó in situ –y no en una cómoda oficina capitalina- la radiografía de la pobreza lacerante del Perú. Llegó así a la conclusión de que por más esfuerzos que se hiciera, sería materialmente imposible atender las necesidades del país con los recursos del erario nacional.

Tomando esta experiencia, comprobada una y otra vez en sus largos recorridos por el país, Belaunde “resucitó” como medio para dinamizar la vida provinciana, la antigua práctica andina del esfuerzo colectivo, a la que denominó “acción popular”, nombre con el que impuso el bautismo cívico a su partido político.

Fernando Belaunde pueblo por pueblo

Este fue el punto de partida de una de las movilizaciones más positivas y llenas de entusiasmo que jamás haya visto el Perú moderno, donde el actor principal fue el propio interesado, el habitante de la sierra, que blandiendo picos y lampas, carretillas y barretas, fue construyendo los colegios y las postas médicas que necesitaban sus hijos, fue abriendo las trochas de sus caminos vecinales y de sus carreteras o techando locales comunales.

Para algunos estudiosos de la historia y analistas políticos, parte del éxito de Belaunde fue viajar con frecuencia por todo el país y hablar con los ciudadanos, con los campesinos, con los jóvenes, con las madres de familia y con las autoridades. Fueron giras de contacto y estudio de la realidad, una metodología de investigación nueva en el quehacer político peruano.

Al incorporar a esos pobladores a la comunidad nacional, Belaunde reeditaba una disposición de la legislación no escrita del antiguo Perú: la ley de la hermandad, el más valioso legado cultural y práctico de la región andina a la historia de la civilización universal. Y como  dijo él:

“Si el Perú quiere salvarse, si desea volver a ser un país sin hambre ni desocupados, si acepta el honroso destino que alguna vez le tocó de ser sede original de la justicia social, debe restaurara en la alta jerarquía de doctrina a nuestra vieja e insuperada tradición del culto al trabajo”.

Fernando Belaunde pueblo por pueblo

Tomado de El pueblo lo quiso. Raúl Diez Canseco Terry. 2012.

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Aquí hay 1 comentario

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  1. Julio Veramendi Alvarado

    Don Fernando, lamentablemente ahora la corrupción es una ambición desmedida de muchas autoridades elegidas, que no tienen el ambición de trabajar por nuestros pueblo, sino el beneficio o lucro personal, a ello, el pretexto de los DERECHOS HUMANOS, de que derecho humanos hablamos si matan, roban, se coluden con los ladrones y hablamos de DERECHOS HUMANOS, aquí se debe declarar la PENA DE MUERTE, tener presente, que USA y especialmente los chinos castigan con esta pena de muerte. ÚNICA MANERA DE COMBATIR LA CORRUPCIÓN E INICIAR EL DESPEGUE DE NUESTRO QUERIDO.


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