El emprendimiento socialmente responsable

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Artículo de Raúl Diez Canseco Terry para la revista Stakeholders

Según el Reporte 2014 del Global Entrepreneurship Monitor (GE\I), Perú es el segundo país más emprendedor de la región y la quinta económica con mayor nivel de emprendimiento a nivel mundial.

Nuestro país tiene una Tasa de Actividad Emprendedora (TEA) del 28,8%, superando ampliamente la media de 14,04% de las economías emprendedoras más eficientes. El 62% de los peruanos perciben oportunidades de negocios, el 51% tiene las intenciones de desarrollar algún tipo de emprendimiento y el 9,2% son dueños de su propio establecimiento.

Sin embargo, somos también el país con la mayor tasa de discontinuidad de los emprendimientos en la región y el sexto a nivel mundial, llegando a una deserción del 8,8%.

Esto se debe en gran parte porque en nuestro país los emprendedores nacen por necesidad, es decir, entienden el emprendimiento como una forma de autoempleo o de generar ingresos para su subsistencia. Es por esta razón, que existe una alta informalidad en el sector con muchas empresas que no se llegan a registrar o se cierran al poco tiempo de funcionamiento, porque cambian de rubros o no manejaron bien sus costos, entre  otros motivos.

Mientras mejor formados estén nuestros niños y jóvenes, tendrán mejores condiciones en su juventud y adultez para lograr el éxito en sus negocios.

Uno de los grandes retos para el nuevo gobierno, es brindar las condiciones necesarias para establecer y desarrollar un ecosistema de emprendimiento que promueva una legislación tributaria favorable, facilite el acceso al financiamiento y fomente una educación emprendedora desde la escuela primaria. Mientras mejor formados estén nuestros niños y jóvenes, tendrán mejores condiciones en su juventud y adultez para lograr el éxito en sus negocios y lograremos reducir la deserción.

Del mismo modo, debemos dar el salto de la fase de emprendedores por necesitad a emprendedores por convicción. Este es el tipo de emprendimientos que caracterizan a los países más desarrollados, donde esta actividad se desarrolla paralelamente con la preparación académica de los jóvenes y el financiamiento de inversionistas interesados en ser parte de proyectos innovadores.

Son en estos países en los que los ‘Millennials’ marcan las nuevas tendencias del mercado, no sólo en lo tecnológico, sino en lo ambiental y social, desarrollándose de esta forma nuevos emprendimientos sociales y sostenibles.

Según un estudio realizado por Cone Communications, nueve de diez Millennials cambiaría de marca a otra que contribuya a una causa social, dos tercios usan los medios sociales para comprometerse con la responsabilidad social y 62% está dispuesto a tener un menor sueldo por trabajar en una empresa socialmente responsable.

La forma de emprender y realizar negocios ha cambiado. Las nuevas generaciones están orientadas hacia la tecnología, la innovación y la transparencia en las empresas. Por lo mismo, incorporan la responsabilidad social y la sostenibilidad como parte estratégica de su gestión. De este modo, se interesan estratégicamente en trabajar con todos los grupos de interés involucrados para desarrollar una gestión eficiente y sostenible en el tiempo.

Sin duda, ésta nueva tendencia requiere un cambio de mentalidad de los nuevos emprendedores, de los actuales y futuros empresarios, quienes tendrán que incorporar en su gestión la sostenibilidad, la cooperación y generación de beneficios no sólo económicos, sino sociales y ambientales para su sociedad y para el mundo. Por ello en la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL) tenemos como misión la formación de profesionales competentes y emprendedores, con responsabilidad social, que se puedan desenvolver a nivel nacional e internacional, y tenemos como dos de nuestros pilares fundamentales la Responsabilidad Social y el Emprendimiento.

Sabemos que estamos formando futuros profesionales, gerentes y decisores de nuestro país, por lo cual les brindamos una formación holística e integral, con una visión socialmente responsable para que las decisiones que tornen desde la posición en que estén, ya sea desde la empresa privada, el sector público o su propia empresa, tenga un impacto positivo y trascendente para la sociedad.

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Fuente: Revista Stakeholders